El éxito de la película #Arrugas


¿Han visto ya “Arrugas”? Una película que trata sobre la vida
en las residencias de personas mayores. Relata cómo Emilio, enfermo de Alzheimer, es llevado por su familia a una residencia. Allí, será ayudado por Miguel y otros compañeros para no acabar en la planta superior de la residencia, el temido “piso de los asistidos”.Un largometraje de animación dirigido por Ignacio Ferreras y basado en la novela gráfica de Paco Roca en plena  cosecha de éxitos. Dos premios Goyas, el  premio Animamundi de Brasil, el Japan Prize 2012 de la televisión Japonesa NHK,  una nominación a la mejor película de animación del cine europeo 2012, su estreno el próximo año en Estado Unidos… son solo algunos de sus logros.¿Se han preguntado por el motivo de su éxito? Algunos señalan que éste se debe a su ternura, al tema sensible que trata. Pienso que esta explicación queda muy corta.Creo que la razón es que evidencia una realidad que estaba, por cotidiano, a la vista pero sin ser denunciada: no deseamos terminar nuestra vida en una residencia tal y como son en la actualidad. Me recuerda,
en cierto modo, al cuento del traje del emperador, cuando este se muestra ante sus súbditos desnudo pero nadie se atreve a decirlo hasta que un niño grita ¡el emperador no lleva ropa! y entonces se rompe el silencio…Arrugas pone en entredicho los servicios tradicionales de atención socio-sanitaria. Formula una crítica rotunda a las residencias. La uniformidad, la falta de vida, el aburrimiento queda nítidamente reflejado en el film: el transcurrir monótono de los días, cómo las personas mayores se adormecen por falta de estímulo, cómo permanecen sentadas sin más en el salón principal al que denominan “la pecera” y cómo la televisión está siempre en el mismo canal de documentales.

Alerta de que la atención busca “impresionar a los clientes; a los que pagan: la familia y la administración”, pero no está pendiente de lo que las personas desean. Como se recoge en la esperpéntica escena de la sesión de gimnasia donde un grupo de mayores realiza un ejercicio de pelota con evidente falta de motivación y solo pendientes del escote de la monitora. Y señala el gran temor de los residentes  “al piso de arriba”, lugar donde separan a los asistidos cuando el deterioro avanza.

Los que conocemos las residencias sabemos que todo esto no es ficción, sino que es algo real y cotidiano. Una realidad que debe ser mejorada. Si no han visto Arrugas, les recomiendo que lo hagan. Vale la pena porque, al menos, nos conduce a la reflexión.

 Apartado opinión: www.entremayores.es
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Comparto este artículo porque estoy de acuerdo con lo que se dice en él. He visto la película. El aspecto más importante que creo que se destaca es la tristeza que experimenta la persona mayor que vive ahí. No es que reciban un mal trato, no es que se aburran, muchos de ellos se aburren, pero otros muchos realizan las actividades que propone el centro y se de buena mano que en muchos centros pasan el día haciendo actividades, pero lo más importante es la soledad.
Cuando una persona mayor ingresa en una institución, su vida diaria cambia por completo. Se enfrenta a un proceso de adaptación.  Tiene que convivir con más personas y acatar una serie de  normas, donde la persona pierde el control de su vida. Ya que es controlada por otros. Horarios de comidas, de dormir, de salir, de visitas, etc. Creo que las actividades de “contrabando” que lleva a cabo Miguel en el centro, las hace para sentir que tiene algo de control sobre su vida.
Además, al ingresar en un centro se pierde autonomía e intimidad, sus contactos con los integrantes de su red social se ven deteriorados y deja atrás su casa y objetos personales, con todo lo que ello representa. Deja su casa, el lugar donde se siente bien, con todas sus pertenencias y recuerdos. Creo que este es uno de los aspectos más importantes. Dejar la casa de uno conlleva dejar todo lo que allí hay con todos los recuerdos y momentos vividos en familia allí dentro.La persona deja a su familia, que ya la visita con menos asiduidad. La pérdida del rol familiar y los lazos afectivos aumentan el riesgo de aislamiento y depresión en el mayor institucionalizado. Por ello, el apoyo social es fundamental en la adaptación e integración de la persona mayor en el centro. Las relaciones familiares van a ser determinantes en el estado emocional que presente el anciano (Gómez, Martos y Castellón, 2005). Es por ello que uno de los factores asociados a la depresión en el anciano institucionalizado es el escaso apoyo social familiar, que puede generar en el mayor sentimientos de abandono.
Por último, el índice de depresión es mayor en las personas mayores que viven en residencias, en gran parte por los aspectos comentados arriba. Ello es un indicador de que tenemos que seguir trabajando por mejorar, innovar en los centros residenciales para mayores y hacer que se sientan un poco mejor, ya que no viven en sus casas, pierden el contacto con su comunidad (su barrio, sus vecinos), pierden el control de sus vidas, en relación a horarios, salidas, etc. Es ahí donde tenemos que trabajar por mejorar y no creer que está todo hecho, porque el bienestar del mayor es lo más importante.
 Silvia Adame Fernández
Psicóloga especializada en Gerontología.

Síntomas conductuales y psicológicos de la #demencia en residencias


Alzheimer

Los síntomas psicológicos y conductuales de las demencias (SCPD) son un tema complejo. Desde el punto de vista de los trabajadores, la “agresividad” suele ser el asunto más candente.

¿Cuáles son las causas de estas agresiones en residencias? La mayoría de los profesionales apuntan al “proceso neurodegenerativo” o al “Alzheimer”. En nuestra opinión, esta explicación es incompleta, por no decir errónea.
La demencia dificulta a la persona la modulación adecuada de su afectividad y conducta. Pero esto no significa que la agresividad de la persona con demencia tenga un origen endógeno. En nuestros programas de consultoría con centenares de casos, nos encontramos con que la agresividad del enfermo de demencia suele ser reactiva la mayoría de las veces. Su origen puede hallarse en detonantes evitables por la institución: trato inadecuado, rutinas que irritan al residente, salas abarrotadas de gente y ruido, dolor no tratado, problemas de continencia, uso de sujeciones físicas o químicas y estresores similares. Desde los años 90, la IPA recomienda las Terapias No Farmacológicas (TNF) como tratamiento de primera elección ante los SCPD porque numerosos estudios han demostrado que son más eficaces que los fármacos a secas (además, evitamos efectos secundarios). Esto no significa que las TNF sean la panacea, ni que no deban usarse los fármacos: como en toda dolencia humana siempre hay casos resistentes al tratamiento o los éxitos son en ocasiones parciales.
Difícil o no de tratar por el condicionante orgánico subyacente de cada caso, la prevención es clave: la agresividad se puede prevenir en gran medida. Ése debería ser el énfasis de toda institución. La literatura demuestra que esto se puede conseguir con formación y consultoría.
En Alemania y otros países como el nuestro, el uso de antipsicóticos como falsa solución a los SCPD es literalmente escandaloso. La prensa generalista alemana ya se ha hecho eco del uso abusivo de estos fármacos. Por ejemplo: según estimaciones de la Universidad de Bremen (Glaeske 2012) el 33% de las personas alemanas con demencia toma antipsicóticos. En España la situación es similar. Ocurre que los expertos sabemos que la inmensa mayoría de estas prescripciones no cumplen criterios médicos, sino que obedecen a factores sociales (cuidadores sin formación en el manejo de las demencias, etcétera) o culturales (intolerancia a SCPD inocuos como la deambulación, las preguntas repetitivas, etcétera). Hablando en plata: se trata de sujeciones químicas que aumentan la mortalidad, producen letargia, limitan la capacidad comunicativa del residente, aumentan las caídas y lesiones, dificultan los cuidados al personal asistencial y restan sentido a la existencia de las personas sometidas a estos “tratamientos”. Tapujan y perpetúan los déficits asistenciales. En España el tema aún no ha saltado a la opinión pública, pero los profesionales y los dirigentes de las instituciones deberíamos ser proactivos: por un lado debemos formar a nuestros médicos, técnicos y equipos de gerocultores en el manejo de los SCPD. Y por el lado institucional debemos rediseñar parte de los procesos que pueden evitar o mitigar su aparición.
Lo positivo, es que cada vez son más los directivos que han identificado el problema y se disponen a ponerle solución. Y solucionar estos problemas no solo reporta más calidad de vida a residentes, familiares y trabajadores, sino que mejora la situación de costes asistenciales. En esta reseña solo hemos tocado la punta de la punta del iceberg. Otro día más.

Artículo de opinión en http://www.entremayores.es, escrito por Rubén Muñiz Schwochert, director de Investigación de la Fundación Maria Wolff. Coordinador del International Non-Pharmacological Therapies Project.

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Estoy de acuerdo con el señor Muñiz en que, en la mayoría de las ocasiones, las manifestaciones conductuales de agresividad se producen como reacción a algo del ambiente. Muchas veces es una luz insuficiente que hace que el paciente vea sombras donde no las hay, o quizás mucho ruido. Estas manifestaciones suelen reducirse previniendo estas situaciones. ¿Cómo podemos prevenir las manifestaciones conductuales de agresividad? Anotando todo aquello que estaba pasando antes y en el momento de que se produzcan estas situaciones, para poder identificar aquello que el paciente/usuario interpreta como amenazante y hace que se defienda, porque la agresividad manifestada no es más que una conducta de defensa ante un estímulo interpretado como amenazante. Dejo el enlace a un archivo de pautas y consideraciones para prevenir las manifestaciones conductuales de agresividad en pacientes con demencia.

Un saludo,

Silvia Adame Fernández

Psicóloga especializada en Gerontología,Dependencia y Protección de los Mayores

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